jueves, 27 de agosto de 2009

Y YO

(Foto de Laureano Fueyo)


Comenzaba a levantarse un viento crecido.
- . . .Y el hermano segundo del hermano mío, es decir yo mismo, José Agustín Vásquez Márquez, iniciando por mi parte, una nueva tradición, la de los primogénitos Agustines, diminutivo de los Augustos. -
El viento ya comenzaba a levantar el parapente dorado que mantenía a Agustín sobre la cumbre de la duna; esperando el momento propicio. Los vientos nocturnos son extremadamente raros en la dunas de Reñaca pero ya se levantaba la arena lastimando los ojos con intensidad y el zumbido sobre el arnés y el casco.
Me obligo a gritarle:
- Hay en usted don Agustín, un Prometeo encadenado; que de estar sin sus cadenas seguro cogería el águila que consume su hígado y volaría con ella o con sus plumas; sería un Ícaro.
- Don Rubén: siempre creí que mi destino era la guerra y el combate, la milicia y la mesnada para ir en pos de una cruzada, hasta que un día en una tempestad de viento en la ciudad del puerto, ese que llaman el surazo viento, sentí que el aire me llamaba como ahora para hacer de mi alma. . .lo más parecido al aire... y alcanzar la inocencia de animal.
El viento ya nocturno comenzó a incrementarse y su voz era un grito. Apenas lograba mantener los pies en tierra firme.
- ¡Podré partir! –
Me saluda apresuradamente sosteniendo al parapente dorado que ya flota en el viento nocturno sacudiendo la sombra oscura de la alturas.
. . . Mago, he ahí tu parasubidas . . .
Antes de emprender el vuelo y habiendo visto que me llamó la atención su inmenso anillo de familia, lo retira del dedo anular y me lo ofrece con dos palabras:

- Con Afecto -

y antes de que yo pueda emitir mi agradecimiento grita a plena voz al fin liberado:
- ¡Podré partir! –

Y desapareció en la noche oscura del cieloen en vuelo hacia la debil luz narfanja del horizonte del oceáno de Pacífico. En verdad, dada su desnudez de adminículos para levantar el vuelo, este Márquez es el único que vuela.
En el aro interior de anillo y en tres líneas, estaba la siguiente inscripción:

Para qué caminar si puedo correr. . .
Para qué correr si puedo volar. . .
Para qué volar si puedo pensar. . .




Comenzaba a levantarse un viento crecido.

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