Y ya resuelta la leyenda de la bruja enamorada; continúa la historia de mi
padre
- El Capitán alucinado por la fábula plagada de imbunches acaso embustes. Le
prometió a Quintralilla, ahora Umbelina, hacer todo lo humanamente posible para
devolverle la causa de su desdicha y haciendo uso de la autoridad conferida por
la zona norte de Carabineros; a las 10 de la noche de aquel día Primero de Mayo
y donde sólo se escucha el placer soterrado del agua del río que corre junto
una casa de inquilinos conocido como el Bar de Don Rocha, la patrulla caminera
de la comisaría encontró a Jorge Teillier Sandoval, uno de los más notables
poetas y esquivo amor de Umbelina, conversando con su gato Pedro, que no lo
interrumpe con frases para el bronce, bebiendo su segunda caña de vino y
esperando que algún rastrero periodista embobado le interrogue con preguntas
ingenuas que esperan su respuesta ilustre.
Que cansador... Pero aquí es donde engarza la leyenda de la bruja y la historia
de mi padre con el mito del poeta.
- El Capitán convencería al poeta; de que en virtud de los hechos, vaya a
visitar ocasionalmente a Umbelina en beneficio de la citada ciudad o en su
defecto tendría que ser sancionado, según la Ley de Alcoholes. Bebidas Alcohólicas y Vinagres,
a un arresto perpetuo bajo el cargo de ebriedad permanente.
- “Si no visitas a Umbelina. Ley Seca. Reduciré a la nada misma los horarios de
funcionamiento de los locales de expendio y consumo de licores llámense:
Restaurantes diurnos o nocturnos, salones de té, cafeterías, cabarés, peñas
folclóricas, discotecas, salones de baile, cantinas, bares, tabernas, quintas
de recreo, servicios al auto, minimercados, incluso carros maniceros, círculos
de poetas todos los círculos incluso los círculos de la luna o clubes sociales
y además las instituciones de carácter beneficio deportivo o cultural, con
personalidad jurídica, es decir: el opulento Club de la Unión , el distinguido Club
Naval, el siútico club de Tenis, el irritante Club de Golf, el exclusivo Club
de Polo, el prepotente Club de Huasos, El dicharachero Club Radical, incluso mi
modesto Club Aéreo y todas las familias pandilleras que se derivan de ellos.
Debo aclararte Jorgue, que el juez, en cualquier caso, conociendo un proceso,
de oficio o a petición del Intendente Regional, o del Alcalde o del Concejo
Municipal, incluso de cualquier participante de la procesión con el cura
párroco Malaquias, y el que habla, podrán clausurar definitivamente un
establecimiento, antro, guarida o cubil cuando éste constituya un peligro para
la tranquilidad o la moral pública, sin que sea menester que se cumpla con el
número de transgresiones necesarias para producir la clausura.
Como la tranquilidad o la moral pública no están definidas por la ley, esto
queda a criterio de los denunciantes. O sea yo.
Te aconsejo visitar a la Umbelina.”
Ella lo esperó en un bosquecillo de infancia, como muerta en un catafalco de
cristal, bella pero pasiva y ardiendo exánime con todos los sentidos latiendo.
En la primera miel de sus labios estaban las palabras con aroma y color,
deseables para él: Sybilla, Beatriz y Cristina: la esencia pura de todos sus
amores. En ella todo sería triunfante, jubiloso. Al fin la negra bruja virgen
que Teillier conoció en Lautaro, La
Capital y La
Ligua , tendría el verdadero poder al despertar al beso del
poeta...
Y esa fue la uníon de la leyenda de la bruja y el mito del poeta con la
historia de mi padre, todo es absolutamente cierto pero aún queda contar lo
inexplicable y este fue el final después de muchos años.
- Recuerdo y narro este hecho para que en definitiva se sepa de una vez por
todas; que Jorge Teillier Sandoval jamás abandonó el pueblo. Hizo creer a sus
amigos, que cada vez que abandonaba La
Ligua se dirigía a la Capital ; al bar La Unión Chica , en Nueva
York 11. Pero eso no era cierto. Jorge Teillier Sandoval se dirigía hacia las
habitaciones y bibliotecas de Umbelina, la de sombra protectora, quien
agradecida de la gestión comisaría y sofocado su dulce fuego, no solo levantó
el hechizo sobre la ciudad, si no que en muestra de agradecimiento hizo llegar
a la esposa del Capitán, Sra. Eugenia Márquez Olivier, mi madre, la receta de
los dulces liguanos, quien a su vez la distribuyó por los centros de damas
mientras diseñaba las cartillas sobre la forma de trabajar la lana y tejer las
hermosas frazadas, guantes, gorros, bufandas, echarpes, chombas y chalecos que
colgarían por cientos en los frontis de las pequeñas y remozadas tiendas de La Ligua Nueva y que han
hecho tan famosa a la ciudad por esas dos bondades: dulces y tejidos.
- Es mi deber informar a los ilusos que creyeron ver a Teillier en la capital u
otro lugar; que él nunca estuvo allí. Que eso fue un desdoblamiento a hechizo
de la negra bruja virgen de azules ojos; Umbelina.
Por ello siempre Teillier padecía de cuerpo sutil y frágil.
Por ello es que el 22 de abril de 1996, quienes se internaron en el cementerio
de La Ligua con
un liviano ataúd de simples tablillas con una cruz de metal en la cabecera
sujetando entre sus dedos las manillas de bronce y creyendo asistir al
enterramiento del poeta, no llevaban nada, ni siquiera la carne vencida de un
hombre, apenas la materia sutil de un poema inconcluso.
"Silbo porque tengo miedo de entrar al cementerio...”
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